El 1987 fue un año memorable para el Guadalajara Chivas. El equipo se enfrentó a sus rivales acérrimos, el Club América, en la gran final del torneo de liga. Después de un primer partido en el Estadio Azteca donde cayeron 2-0, las esperanzas de los aficionados se desvanecieron. Sin embargo, el Rebaño Sagrado no estaba listo para rendirse.
El partido de vuelta, que tuvo lugar en el Estadio Jalisco, se convirtió en un espectáculo inolvidable. Con una afición vibrante que llenó las gradas, el ambiente era eléctrico. Desde el inicio, Chivas mostró una intensidad y determinación que no se había visto en el primer encuentro. A los 15 minutos, Luis
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